Me regalaron una brújula por Navidad.
¿Este-Oeste?
Me preguntó el sur
antes de perder el norte
Uno:
Me fui al este, por tu corazón a la izquierda, latiendo,
bombeando un atentado vital contra la nada, llamando poesía a cada frase que
escribí en tu espalda.
Dos:
Partí al oeste; sombrero "Estilo western" y un revolver a una
bala de dispararme. En esta cama hay sitio para los dos. Pero ya no quedan
balas estoy dispuesto a salvarme.
Tres:
Corrí al sur buscando el norte. Imposible salir bien parado.
Las musas por aquí vuelan rápido cuando están cerca del poeta, por eso nunca
quise ser poeta. Por eso me abracé a tus caderas y precipicios hasta quemar el
sol de estas tierras.
Cuatro:
Fin del viaje. Me voy al norte. Me voy a casa con más hambre que miedo. Me voy con más rutinas que
dudas. Tu boca ahí, bien arriba, en lo más alto (que es mi oído) susurra “Te
quiero”
¿Este-Oeste?
¿Norte o sur?
Nunca supe aprenderme
los putos cardinales,
pero ahora cuento:
Uno, dos, tres, cuatro…
te beso y pierdo el
norte.
Pueden
quedarse con la brújula.
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