Las musas también saben ladrar por muy perro que te pongas
y los poemas no
siempre son de quien los escribe
por mucho valor que le eches, antes de intentar comerle la boca.
A veces el poeta solo tiene que asentir
y copiar humildemente lo que le cuentan sus caderas
pobre iluso; el poeta, pobre impostor; el junta-letras
No le llames poeta,
llámale iluso:
si no ha probado esos labios de cerveza
si no ha caído tan abajo como para lamer sus gemidos,
o tocado el cielo con la yema de sus dedos,
quiero decir, su cuerpo,
que es la puta
primavera en pleno enero
No le llames poeta,
llámalo idiota:
si no se ha perdido hasta buscarla,
si no se ha encontrado hasta perderse,
en cada jodido “No pares”,
donde Ella olvida
cada una de sus dudas
llámalo ingenuo:
si el artista agarrado su pelo,
como quien se agarra a un clavo ardiendo
no se ha dejado caer por sus infiernos
si el artista subido a ese arcoíris de sudor y lluvia
no se ha caído por sus senos, hasta abrazarse rendidos
como se abrazan las nubes después de las tormentas
No le digas jamás a este impostor que ha hecho arte
si no ha conseguido
proteger contra viento y marea
la fragilidad de su sonrisa
que por mucho que lo niegue
es a lo único que aspira
Pues sí, poeta
las musas han aprendido a ladrar
y mejor aún, han
aprendido a volar
sin que ninguno de nosotros les haya dado alas
y no creo que haya nada más grande
Así que ya lo sabes
este poema para nada es de quien lo escribe,
este poema, con perdón, es de Ella,
por muy perro que te pongas
y sea yo quien le coma la boca
No hay comentarios:
Publicar un comentario