viernes, 13 de diciembre de 2013

A cara de perro

Las musas también saben ladrar por muy  perro que te pongas
 y los poemas no siempre son de quien  los escribe
por mucho valor que le eches, antes de intentar  comerle la boca.

A veces el poeta solo tiene que asentir
y copiar humildemente lo que le cuentan sus caderas
pobre iluso; el poeta, pobre impostor; el junta-letras

No le llames poeta,
llámale iluso:
si no ha probado esos labios de cerveza
si no ha caído tan abajo como para lamer sus gemidos,
o tocado el cielo con la yema de sus dedos,
quiero decir, su cuerpo,
 que es la puta primavera en pleno enero

No le llames poeta,
llámalo idiota:
si no se ha perdido hasta buscarla,
si no se ha encontrado hasta perderse,
en cada jodido “No pares”,
donde Ella  olvida cada una de sus dudas

 No lo llames artista,
llámalo ingenuo:
si el artista agarrado su pelo,
como quien se agarra a un clavo ardiendo
no se ha dejado caer por sus infiernos
si el artista subido a ese arcoíris de sudor y lluvia
no se ha caído por sus senos, hasta abrazarse rendidos
como se abrazan las nubes después de las tormentas

No le digas jamás a este impostor que ha hecho arte
si no ha conseguido
proteger contra viento y marea
la fragilidad de su sonrisa
que por mucho que lo niegue
es a lo único que aspira

Pues sí, poeta
las musas han aprendido a ladrar
y mejor aún,  han aprendido a volar
sin que ninguno de nosotros les haya dado alas
y no creo que haya nada más grande

Así que ya lo sabes
este poema para nada es de quien lo escribe,
este poema, con perdón,  es de Ella,
por muy perro que te pongas
y sea yo quien le coma la boca



No hay comentarios:

Publicar un comentario