Nunca encontré ningún motivo para romper mis juguetes cuando
era niño. Siempre pensé que se merecían un motivo mejor que yo para romperse y
por eso luché siempre por mantener lo mejor posible su integridad.
Luego cuando me hice un poco más mayor (no mucho), me
encontré con mucha gente que no tuvo nunca ningún problema en tratar al resto
como juguetes y mucho menos en romperlos si les apetecía.
He de admitir que desde entonces siento una gran simpatía
por las víctimas de estos impunes terroristas emocionales. Al final me he ido
rodeando de gente un poco rota que en más de una ocasión me cortó con sus pedazos
hasta hacerme sentir mal.
Pasó el tiempo y no por las heridas dejé de ser un soñador.
No he temido llevarme a la cama sueños que ya venían rotos de serie y que de alguna manera habían acabado con la
paciencia de otros. Qué putada eso de sentir con el bolígrafo en la mano y la
astilla ajena en el corazón. Qué putada…
Pero también he de confesaros que si algo me ha ayudado a
conservar mis sueños estúpidos han sido algunos libros. Libros viejos y rotos
por alguna parte. Con los libros viejos y rotos me ha pasado lo mismo que con
las personas viejas y rotas; son los que me han marcado. Esos son lo que me han
salvado realmente de las de más cien
noches de las que ya nos hablo Gabo.
Así que por favor no vengas ahora a decirme que me busque
otra mitad, no vengas a decirme que me complete nada ni nadie. No vengas a
hablarme de sueños o de juguetes rotos en los que nadie cree. Por favor no
vengas a hablar de treguas que me callen. Háblame del viejo roto, del soñador
que me llevó a Macondo y hoy ya no lo recuerda.
"Luego cuando me hice un poco más mayor (no mucho), me encontré con mucha gente que no tuvo nunca ningún problema en tratar al resto como juguetes y mucho menos en romperlos si les apetecía" QUE RAZÓN TIENES.
ResponderEliminar