Una pareja de ancianos hacía la ruta a Oviedo. Iban juntos
en el autobús. Iban arreglados, compenetrados hasta el punto de acompasar sus
movimientos y toses otoñales. Abrigados hasta el extremo, preparados incluso
para un invierno en Siberia, preparados para lo que parecía ser una mañana fría
en la aborrecida Vetusta.
Lo primero que me llamó la atención sobre los viejecillos
fueron sus paraguas. Eran los típicos paraguas pequeños y los llevaban
cuidadosamente colocados en el agarradero del asiento. Era una curiosa y
agradable imagen, ambos llevaban los paraguas exactamente de la misma forma y
tamaño, solamente distinguidos por el color de la funda que los protegía. Parecía
algo estudiado.
Lo segundo fue su forma de mirarse y de ignorarse, tan
natural, tan familiar, tan limpia…Eran una especie de copia uno del otro, esa
copia que surge de ser y estar juntos, esa copia a la que ni si quiera el mejor
hermano puede aspirar. Debían llevar juntos desde que tenían edad para estar
juntos. Estoy seguro de que en pleno diluvio serían la pareja escogida para llevarlos
a un arca y salvarse.
Las parejas de antes no son solo parejas. Están cuarteadas
por el paso del tiempo. Están cocidas a fuego lento. Han superado ya todas las
crisis posibles. Y aún así están alimentados con esa tranquilidad que debe dar
saber que cuando llegas a casa te espera la rutina, la rutina que tú elegiste.
Una rutina con nombre de persona, con calor de hogar.
Entonces, te das cuenta de que solo la muerte va a separar a
estos “viejales”. Que sí, que suena aburrido y poco moderno, pero hoy en día
son unos auténticos rebeldes en plena dictadura. En plena dictadura de
la inmediatez, del usar-y-tirar, de la fugacidad de la pasión. Ahí están esta
pareja de robles aguantando el chaparrón, mirando desde arriba cómo se mueren
las flores de un día.
En su caso, si que hay películas que recojan su historia,
muchas, cientos de ellas. Pero lo único
que me gustaría es dedicarles estas líneas a estos vejestorios entrañables,
deseando de corazón que su visita a Oviedo no haya sido para ir al hospital y
que solo les separe la muerte. Eso sí, dentro de muchos años y de muchos viajes
a Oviedo o donde les deje el tiempo.
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