Me acostumbro a huir de golpe en golpe en el estómago,
reviso lo que queda
mí y finjo anunciar mi retirada,
solo quiero contar que me han arrancado las entrañas,
me han retorcido por dentro hasta hacerme crujir las
costillas,
me han cosido los nuncas
a la espalda y os prometo que me arrodillaron
hasta hacerme decir: Basta
y no fue suficiente
¿Lo oyes? ¿Las oyes?
Es el sonido de las cadenas, los fantasmas han dejado de tener miedo y
están preparados para el primer disparo, este no es un poema de redención
Es costumbre donde yo vivo ser criminal y llevar a tus
espaldas un montón de sueños enjaulados. La música no cesa pero, ya sabes, los pájaros cantan a pesar de la lluvia y los
poetas escriben sobre todo cuando llueve, sobre todo cuando duele. Tengo más de
pájaro que de poeta y es por eso que todas mis esperanzas tienen forma de ala.
No será poesía pero
es costumbre y las señoras sacuden las alfombras mientras los policías sacuden a
los cerdos y yo soy un CERDO. Mis letras son en el fondo una piara de utopías e
irreverencias. Espero que jamás sea el novio perfecto para sus hijas.
No queda bonito contarlo pero es costumbre ver sonreír a sus
corbatas y que todo lo que algunos llamamos libertad sea la última mierda para
ellos, sea la última voz a la que quisieran escuchar, pero no van a callarnos.
La ley y la costumbre
dicen que son fuentes de derecho. Curiosamente hace tiempo que esas fuentes han
dejado de de darme de beber. No será costumbre pero la Bastilla sigue sonando a
revolución, y nuestros odios, mañana, serán
algo más que escenas costumbristas
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