Mi cuerpo se hace viejo, lo dicen mis heridas curándose, mi rostro, mi luz,
mi espejo, no soy el de antaño (ni quiero); soy algo parecido, como un reflejo
Sigo aquí, por si acaso me quedan las migas del pan que el cielo me regala
con tus piernas, pero no, no quedan ni las migas, ni el recuerdo
Solo queda vacío para llenar mi mundo, cuadrado, ridículo, mi mundo redondo
y absurdo, contradictorio, autodestructivo, así es mi mundo
Voy errando por las estaciones y el tren no se para o se para demasiado y
tus pecas ya no dicen que me quede, ni las chicas me dicen que me quieren
Es el diablo que se pone tantas veces de su parte, y ya ves apenas me
quedas tú y el arte, el arte de esperarte en lo sueños, como esperan los
vencidos
Como esperan los que no tienen más vida que las que nos dejan los otros,
los que nos dicen que somos mejor de lo que somos, para que no cambiemos
Los que no quieren que les quitemos su trozo gigante del pastel que es más
nuestro que suyo, ni admiten que el sudor en la frente sea la auténtica ley
Sigo sabiéndome un siervo que nada le debe a nadie, un siervo de mi
mismo si acaso de tus naufragios de los que yo quisiera ser la marejada una
y otra vez
Y esa es mi paz, la paz del vencido, la paz del hijo del obrero, que no
tiene patrón ni militancia, del que no reniega de lo que es pero que quemaría
todas las banderas que no fuesen tu melena al viento
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