domingo, 28 de septiembre de 2014

Lección de tiempo y distancia

Aprendo a vivir a una hora menos, dos noches por delante, a no sé cuántos kilómetros de distancia, nunca de olvido.

Tengo un corazón exiliado y unos dedos a dos bajos cero, esperando en la frontera que nos marcan los aviones de por medio.

Aprendo a vivir en dos ciudades, en dos países si hace falta, para amar cada esquina de tus banderas.

Tengo una patria de pomaradas y silencios, una patria que aprende a fragmentarse, porque vivir es aprender a romperse,

 y yo rompo lo que soy para poder estar contigo.

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