Aprendo a vivir a una hora menos, dos noches por delante, a
no sé cuántos kilómetros de distancia, nunca de olvido.
Tengo un corazón exiliado y unos dedos a dos bajos cero, esperando
en la frontera que nos marcan los aviones de por medio.
Aprendo a vivir en dos ciudades, en dos países si hace
falta, para amar cada esquina de tus banderas.
Tengo una patria de pomaradas
y silencios, una patria que aprende a fragmentarse, porque vivir es aprender a
romperse,
No hay comentarios:
Publicar un comentario