viernes, 30 de mayo de 2014

Tendencia Hipster

Señores y señoras, por cada rayo que cae, somos nosotros quienes maquillan a los actores de sus películas y series de televisión.

Las montamos, las sonorizamos, y calmamos su dolor.

Señores y señoras, por cada rayo que cae, somos quienes embasan al vacío el fiambre con el que dan la merienda a sus hijos y los educamos sea cual sea su estado mental.

¡Superdotados o autistas! ¡Superdotados o autistas!

Les entretenemos, les enseñamos inglés, y jugamos con ellos también.

Señores y señoras, por cada rayo que cae, somos quienes planean los edificios en los que habitan y organizan la seguridad de sus viviendas.

¡Y a la casa de la moneda! Sí, señores y señoras, por cada rayo que cae ante sus ojos, somos nosotros los que sufren en su carne el paro cuando no hay empleo. ¡Y no lo hay!

No lo hay.

Somos los hijos de la estirpe de Odiseo. Somos nada, somos nada, somos nada, sólo somos sus putas, ¡Solo! ¡Somos! ¡Sus putas!

Somos los locos que escriben canciones, los locos errantes encerrados en sus naves.

¡PUES QUEMEMOS LAS NAVES!
¡SUPERDOTADOS O AUTISTAS!
¡SUPERDOTADOS O AUTISTAS!
¡SI!
¡SOMOS NOSOTROS QUIENES CONDUCEN LA NAVE!
¡PUES QUEMEMOS LAS NAVES!

Pablo Und Destruktion

Había pasado un día horrible en el almacén sin parar de empaquetar cajas y no tenía más que tres dólares en el bolsillo. Sophie ya no me esperaba en el piso, decía que estaba cansada de soportar las estupideces de un niñato que no hacía más que trabajar y agotar las existencias de whiskey del mini bar. Así que me acerqué a los garitos hipsters del centro para distraerme un poco. Entré en uno repleto de gente donde actuaba un tal Jimmy Z que recitaba poemas y distorsionaba todo lo que tocaba. Era un cabrón realmente bueno para acompañar a una cerveza. Yo no era más que una pequeña patria insignificante que olía a sudor y vestía una sucia camisa de cuadros, pero allí estaba.

 Un tipo con una barba cuidada hasta el extremo me miraba con gesto de desaprobación. Los grupos de hipsters se amontaban como maniquís al ritmo de una música que no entendían. Allí todo el mundo tomaba combinados muy caros y asentía antes los chistes estúpidos de sus grupitos. Las chicas de la barra miraban a Jimmy y a los otros tipos, todos ellos altos, con una estética desenfadada y envidiable. Creo que estaban a punto de llegar su propio Zen de modernidad intelectual y yo creo que estaba a punto de vomitar. La vida moderna es…

Un hombre calvo como de dos metros intentaba ligarse a la camarera, un grupo de extranjeros rubios observaba despistado el panorama y mientras dos chicas se enrollaban en una esquina como si el mundo no existiera o fuera a explotar o algo así. Yo estaba allí en medio, completamente agotado de trabajar, me dolían los brazos hasta para acercarme la cerveza e intentaba soportar educadamente a dos hipsters que no dejaban de pisarme cada vez que creían conocer una de las canciones (auto)destructivas de Jimmy.

Por suerte el bar se iba vaciando conforme mejoraban sus canciones, el cabrón de Jimmy se estaba saliendo esa noche y aún quedaba lo mejor por llegar. La cerveza empezaba a hacerme efecto y me empezaba a sentir más relajado. El sonido de aquella ola negra con forma de violonchelo, la distorsión y el odio más puro y amargo solo contrastaban con aquellos treintañeros mirando sus teléfonos y esperando a que se acabara el concierto.

Mi pierna estaba sangrando y tenía el pantalón manchado, no recordaba haberme hecho daño, pero luego recordé que me había tropezado saliendo del almacén. Entonces Jimmy empezó a calentarse: Señores y señoras, por cada rayo que cae…Empecé a estar dentro y a soltarme un poco y a corear con dos colgaos más: Señores y señoras, por cada rayo que cae ante sus ojos, somos nosotros los que sufren en su carne el paro cuando no hay empleo. ¡Y no lo hay! ¡Y NO LO HAY!

La gente estaba totalmente fuera, no entendían qué estaba pasando, seguían riéndose y competían por ver quién marcaba tendencia. Alguno fingía estar disfrutando del concierto y asentían con rostro indiferente, como mirando a todos los demás por encima del hombro. Jimmy seguía y nosotros con él: Somos nada, somos nada, somos nada, sólo somos sus putas, ¡Solo! ¡Somos! ¡Sus putas! Y reían y reían hasta lo más profundo, mientras la guitarra y la cerveza lo distorsionaban todo. No sé cómo pasó, de verdad, pero el vaso se me escapó de las manos y le partió la cara un chico con un polo de Fred Perry. Lo siento, no volverá a pasar.


No hay comentarios:

Publicar un comentario