Muchas veces leo la palabra alergia en vez de alegría,
y no sé si es cuestión de tristeza o de dislexia. El caso es que hay varios días
al año en que nos obligan a estar felices o al menos a parecerlo. Siempre hay
navidades que falta alguien y te dan alergia todos los envoltorios y el
empalague opresivo. Siempre hay cumpleaños raros que no sientes que haya mucho
que celebrar.
-Como si estuviéramos en deuda con la vida, como si
existiera el karma, la meritocracia o alguna de estas chorradas neo-pajeras-
Hoy me levanté con la luz nublada entrando por la
ventana, sin dolor de cabeza, ni esa sensación de resaca mal llevada que dejan
las pastillas para soñar a medias. Nada más que cumplí con las convenciones sociales
-esas de desayunar mal y ducharme con agua ardiendo- salí a la calle para
comprar unos libros que tenía en mente. Ahora no se lleva leer poesía sin
contarlo, ahora no se lleva en secreto ni el más secreto de los odios, basta
con abrir el Facebook.
Yo no tengo nada de especial pero odio el pop romántico y la “Poesía Pop” con todo su esplendor. Pido perdón si me he parecido a quien odio, seguramente me queden muchos años para seguir equivocándome, aunque tan a menudo, mire con buenos ojos saltar al vacío más cercano. Pero no nos engañemos, me gustan los regalos sin envoltorio y el olor como a libro nuevo que tienen los años que me quedan.
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