sábado, 2 de febrero de 2013

Prohibido Reirse

Marta Allegri era una de las chicas más sonrientes de la ciudad de Buenos Aires. Siempre hacía bromas bonachonas sobre las cosas de la vida, siempre le sacaba el punto de color a todo. Cuando Marta reía temblaban hasta las nubes, tenía un extraño poder. Pero como casi todos los poderes que tienen las personas en este mundo, su poder era amargamente rechazado por la gente. Marta se reía sin complejos de forma quizás un poco desbordada. Podría decirse que se oía desde Constitución a La boca, pasando por Puerto Madero y acabando en Recoleto. Su risa viajaba como el viento de La Pampa. Hacia todos lados y hacia ninguno en particular. 

Cuando iba con sus amigas a algunos de los cafés del centro, las chicas se avergonzaban de la risa de Marta y le hacía enseguida cambiar de tema, normalmente para pasar a temas sombríos que hacían humedecer sus ojitos negros. El poder de la risa que poseía Marta siempre daba caspa y envidia a quienes le rodeaban porque llenaba el mundo de honestidad y eso no gusta a quienes ocultan algo, osea, a casi nadie. El problema era que Marta era tan inocente como linda y era fácil de engañar. Un día le dijeron que su risa era ridícula y Marta dejó de ser Marta Allegri porque siempre hacía lo posible por no reírse y se quedó en una versión descafeinada de si misma. 


Desde aquel momento las cosas cambiaron, Marta nunca más volvió a reírse públicamente como lo hacía antes. Era irreconocible para cualquiera que la hubiese conocido anteriormente ya que ahora escondía su poder en la intimidad y en el transcurso de su vida pública se hacía pasar por una persona plana y sin brillantez alguna. Era lo que querían que fuera y se limitaba a fingir que se reía. Pero la magia, como el tango, no desaparece tan fácilmente y cuando Marta llegaba a casa se desnudaba y se reía descaradamente de la estupidez del mundo y de la mediocridad de la que presumía. Entonces comprendió que el mundo tenía sentido en la soledad de su sonrisa y que quizás no estuviera listo para ella, quizás no estuviera preparado para el carácter jovial de los Allegri ni para su cuerpo desnudo y sonriente. 

Se soltaba el pelo y While my guitar gently weeps...la fiesta de la risa comenzaba y el mundo no podía hacer más que contemplar su magia desnuda y honesta. Después se iba a dormir llena de esperanza y se preparaba para al día siguiente poner la peor de sus caras para que nadie supiera que era la chica más feliz sobre la faz de la tierra. Entonces se inventaba problemas y fingía una completa infelicidad para parecer una más y que nadie pudiese romper su eterna alegría interna y personal. La melena de la anarquía que olía rosas y a esencia de la juventud, se soltaba cada noche y cubría sus pequeños senos que bailaban al son del rock de los sueños.

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