Cuando leo noticias de los bebés robados por la monjas, hay algo en mi que se estremece, hay algo en mi que chirría. Me pongo a pensar y pienso, el poder que alguien puede tener para decidir sobre tu identidad posterior, sobre tu vida posterior. Es curioso como con solo un cambio de lugar en el momento preciso se altera toda tu vida. Y todavía es más curioso que sea alguien perteneciente a una orden religiosa quien tome esa decisión. De hecho yo me atrevería a decir sin que me temblase demasiado la voz, que esas personas llevan decidiendo desde siempre sobre la vida de las personas,y además para sus propios intereses que no siempre van vinculados al mensaje de Cristo.
Obviando que mis opiniones sobre la iglesia son muy particulares y escépticas, quiero ir al fondo de la cuestión. Al fondo de "Ser robado" de ser despojado de ti mismo. En mayor o en menor medida hay algún momento en nuestra vida que alguien se lleva algo nuestro y que nos marca de por vida. Alguien externo que hace o deja de hacer algo. Algo que te hace que no puedas recordar una parte de ti. Algo que te arranca de cuajo un trocito de tu alma. Algo que te hace retroceder y te deja seco. Ese momento llega tarde o temprano. Ese momento suele tener nombres y apellidos. Unos nombres y apellidos que jamás figuraran en las listas de las prisiones preventivas...pero que nos va a encadenar toda a una vida al olvido.
En el fondo, todos somos niños robados. En el fondo nadie tiene a disposición cada parte de sí mismo. Somos hijos bastardos de la existencia. Somos el recuerdo que se dejó de por medio el olvido, entre el cielo y el infierno.Esto nunca va a entenderlo ya Sor Maria. Es importante que nunca cerremos los ojos ante las injusticias, no vaya a ser que alguien venga a decirnos que todo esto tiene sentido y tengamos que preguntarle el porque de las cosas para volver a dejarnos en la estacada. Y no, no nos gusta sentirnos niños robados. aunque vivamos en selvas donde no crece la hierba, sino los ladrones.
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