¿Encontraría a la maga?
¿Volvería a verla? No
lo se. Miré su foto en mi cartera que me miraba como de forma condescendiente,
me la imaginé soltándome” Sos patético, pero siempre me escribís una metáfora
de luz en los labios”. Mi mente empezaba a combinar palabras y trucos para
poder olvidarla mientras paseaba. Era inútil. Mi osadía ya no tenía límites, me
había hecho un religioso de su sonrisa. Me encontraba tan perdido que casi
necesitaba un mapa para vagar sin rumbo un ratito más. Tocaba volver a empezar
de cero; era tan triste, tan infantil, tan virginal…Que llegaba a ser casi
desolador. Era un plácido domingo sin ópera. Parecía más bien como un lunes muy
inusual. Era muy improbable encontrarme a la maga por Constitución, pero
hubiese pasado la noche en un banco de esta manzana, por verla unos minutos.
Pasé al lado de un músico judío de mirada verde, sonaba Tangled up in blue. Me
colgué de su armónica y We'll meet again
someday on the avenue. Le arrojé 20 pesos y continúe por la avenida. El judío había dejado en mí un rayito
de esperanza así que decidí pasar por el Café Vicenzo. Siempre había sido
nuestro sitio,a pesar de que la maga lo odiaba. Pensé que nunca entraría en ese
café sin mi, pero si, resulta que allá estaba. La maga estaba en la mesa donde
siempre nos encontrábamos, fumando un cigarrillo, apurando el Bourbon y con la
mirada perdida en algún mundo lejano. Todo parecía seguir en el lugar exacto a
como lo habíamos dejado. Era una sensación realmente extraña que me empujó a
hacer algo que nunca hago. Me senté con la Maga y sin casi darle tiempo a
reaccionar, fui a confesarle cuan le había echado en falta. Sentí que había hecho
algo grande y romántico. Pero la Maga era la Maga y tras una mirada indiferente
se echó a reír y me dijo como haciéndome un favor:
-Espera a que me termine el pitillo
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