Ha llegado la hora de aprender a contar sin matemáticas, sin
dedos, sin nada. Ha llegado la hora aprender a contarlo todo, para vaciarte y
sacar de dentro todo eso que no puedes explicar.
Hace tiempo me dejé
la inspiración en algún bar o en algún lugar donde los gilipollas venían
condecorar al arte, a elogiar mi arte, a elogiar mi mierda.
No sé nada de arte,
no sé nada de escribir, no sé nada de tocar, no se llorar a tiempo y siempre
llego a tarde a los rayos de sol. Jesus
doesn’t want me for a sunbeam.
Hoy he vomitado dos veces. Yo me entiendo.
Respiro en la sala de espera, la soledad de las primaveras
muertas, de las flores muertas, de las vidas podridas, de los silencios rotos.
¿Sabéis? No hay poesía en los hospitales, solo novelas y televisores de plasma,
así todo parece normal. Así no hay que pensarlo mucho.
Recuerdo ese dolor, ese miedo, pero todo se esfuma cuando el
mundo se cae en picado, cuando lo ves girar en espiral hasta caer por ese
agujero infinito. Mierda.
Morirse es tirar de la cadena. Salvarse es tirar de sueños.
Vivir lo que queda en medio.
No sé muy bien lo que quiero deciros. Mi indolencia ha
tirado la toalla y los espejos hoy son fotos en blanco y negro.
Espero que después de esto sigan sin salirme las cuentas
pero solo para verificar que nunca me han hecho falta para seguir vivo.
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